A veces nada es demasiado, o todo es poco. A veces las cosas se dan la vuelta, giran y dan mil volteretas, y cuando quieres darte cuenta todo es distinto. Un día te despiertas y lo que era blanco ayer, es negro hoy. En sólo un instante todo el camino que tu conocías desaparece, queda completamente eliminado, todo aquello que tu creías conocer, todas aquellas cosas que tu creías seguras, ahora ya no están. Todo es de locos, llega la primavera y se pone a nevar, y tú ya no estás. Nada tiene sentido, el mundo está completamente loco.
Pero en el fondo, tampoco está tan mal, que la vida de tantas vueltas, los caminos nuevos no tienen porque doler, y los cambios no tienen por qué ser malos. De un llanto puede nacer una sonrisa, y en un día lluvioso, salir el sol. Y quién sabe si mañana salgo y te encuentro, y se me cae el mundo a los pies como el primer día. Quién sabe si el sábado me pongo los tacones y me siento la más bonita, a pesar de lo que pueda sentir ahora. Quién sabe, nadie sabe nada, todo son precipicios, tú eliges si saltar o caer, yo de momento prefiero saltar. Y si hoy parecía que empezaba la primavera, y nieva, pues disfrutemos de ello. Y si mañana te encuentro o no, nadie lo sabe, y eso es lo más bonito.