miércoles, 21 de marzo de 2012

gira, gira, gira

A veces nada es demasiado, o todo es poco. A veces las cosas se dan la vuelta, giran y dan mil volteretas, y cuando quieres darte cuenta todo es distinto. Un día te despiertas y lo que era blanco ayer, es negro hoy. En sólo un instante todo el camino que tu conocías desaparece, queda completamente eliminado, todo aquello que tu creías conocer, todas aquellas cosas que tu creías seguras, ahora ya no están.  Todo es de locos, llega la primavera y se pone a nevar, y tú ya no estás. Nada tiene sentido, el mundo está completamente loco.
Pero en el fondo, tampoco está tan mal, que la vida de tantas vueltas, los caminos nuevos no tienen porque doler, y los cambios no tienen por qué ser malos. De un llanto puede nacer una sonrisa, y en un día lluvioso, salir el sol. Y quién sabe si mañana salgo y te encuentro, y se me cae el mundo a los pies como el primer día. Quién sabe si el sábado me pongo los tacones  y me siento la más bonita, a pesar de lo que pueda sentir ahora. Quién sabe, nadie sabe nada, todo son precipicios, tú eliges si saltar o caer, yo de momento prefiero saltar.  Y si hoy parecía que empezaba la primavera, y nieva, pues disfrutemos de ello. Y si mañana te encuentro o no, nadie lo sabe, y eso es lo más bonito.

Mi pequeño gran huracán

Él y yo éramos principio, éramos final. Como un párrafo sin acabar o una copa a medio empezar. Él y yo éramos octubre, éramos diciembre, éramos febrero, éramos hielo, éramos fuego.
Él y yo éramos la historia de siempre, sólo que diferente. Estábamos medio vacios, o medio llenos.  Éramos la mezcla perfecta de odio, amor, rabia y placer. Éramos mejores que ellos, pero nos podían las ganas. No había quien nos parara. A veces cuando empezábamos a volar se nos olvidaba que existía el resto del mundo, recuerdo con cariño nuestras madrugadas de sofá, nuestros mordiscos y la confianza. Puede que hasta lo eche de menos, puede que algún domingo acabe llamándote, me puedan las ganas de besarte, pero se me pasarán. Te echo de menos, pero no es suficiente. Se me hace duro el no tenerte aquí, no escuchar tu voz cada noche, contarte mil estupideces. Echo de menos tus ojos, tenías las pupilas llenas de terremotos. Y reíamos mucho, muchísimo, demasiado. Tanto que al día siguiente teníamos agujetas. No nos faltaron sueños, ni esfuerzo, ni excusas, ni felicidad, ni cariño, ni fuegos artificiales, pero nos sobraron las ganas de volar.

domingo, 4 de marzo de 2012

Encendernos con las manos, fué mas de la cuenta

Llegan los primeros rayos de sol e inciden de tal forma que te echo de menos a morir.  Amanece y yo ya te estoy echando de menos, para mi hacía mucho más calor en enero contigo que en marzo sin ti. Lo mismo ese es el problema, lo mismo quemamos el amor a base de tanto calor.
De verdad, que no es broma, de verdad que te echo de menos. Quizás me haya convertido en eso que dices que soy, quizá no aprecie lo que fuimos ayer, y el egoísmo no me deje quererte. Yo sólo sé que no me va esto, que me va el juego, lo contrario al amor. Eso de quiéreme un ratito y si eso después me voy. Me va o de ven y dame calor, pero no me exijas nada más. Podemos calentar el mundo cuando quieras, que le jodan al maldito invierno. Y si algún sábado te encuentro, y el vodka vuelve a darme ganas de besarte, entonces quizás quiera mimos, acabar acurrucados en tu sofá, mordiéndote y hablándote de todo y de nada a la vez. Pero mientras tanto, déjame con mi juego, con mis fríos amaneceres de marzo y mis cálidas noches de sábado

sábado, 3 de marzo de 2012

Y aún recuerdo cuando estábamos así, en éxtasis

Amanece Marzo, el mes del amor se ha esfumado, como lo hiciste tú. El sol entra por la ventana, y tú ya no estás. Ya casi se siente una temprana primavera, dicen que la primavera, la sangre altera y tu amor fluye ahora por mis venas como nunca antes, ahora que ya no estás.
Esa frase retumba en mi cabeza, ‘Quién no quiso cuando pudo, no podrá cuando quiera’, una y otra vez. Y algún sueño contigo, con tu sonrisa. Con aquella noche, tú me hablabas de amores y sentimientos irrefrenables. Yo de que me volvían loca tus besos, pero que yo no era de esas. Tú me hablabas de sueños juntos, de luchar, de salir a matar y morir en el intento. Yo de que no soy de las que se enamoran, que tenía el corazón de hielo.
Y poco a poco tus ojitos azules derrumbaron todas mis barreras, pero no mi orgullo. Yo pensaba en el amor propio y en la felicidad de no depender de nadie. Cada uno de tus mordiscos fue llevándose poco a poco estas ideas, aunque no te lo dijera. Mi corazón se derritió, cuando se congeló el tuyo.
A mi se me atragantaron tanto las palabras que ya no era capaz ni de besarte sin pensar. Y volvieron tus besos, pero no volvió tu amor. Y entonces entendí que es verdad, que el tren pasa sólo una vez,  y yo sólo quise verlo pasar y llorar después porque se había ido.

A mi clave de fá :

Hoy escribo por ella, mi pequeña monstrua, mi alegría. Nadie hubiera imaginado que después de tres asaltos, la distancia pondría punto y aparte en tu historia. Nadie hubiera imaginado, que hoy, un año después estuviera escribiéndote esto. Pero la verdad es que da igual lo que nadie hubiera imaginado.  Hoy somos tú  y yo. Mientras tanto, déjate de amores planeados y de decisiones importantes, porque no te hacen falta tacones para comerte el mundo
Pero es ella la que sale a bailar la primera, la última en irse de la fiesta. Es ella la que se hace la dura pero en realidad esta deseando que la abraces. Es ella la que intenta organizarlo todo, y pierde la cabeza a la tercera copa, y acaba bebiendo conmigo en algún balancín. Es ella, es nuestra historia, una historia corta, pero llena de sueños, de canciones y sobre todo, de amor.

viernes, 2 de marzo de 2012

con la intensidad de un huracán

Guardo las distintas formas de mirar que tienen tus pupilas. Hay unas pocas en mi cama y otras detrás del sofá. Hay casi ciento diecinueve. Algunas se me perdieron una tarde de mimos. Luego pasará un barco pirata y se las encontrará, y que no te extrañe que se mueran por ti. Se morirán de ganas de abrazarte y de sentir tus suspiros alguna tarde de 'lunes sin ganas de estudiar'. El día que te miren de cerca, sabrán que eres tú. El de las ciento diecinueve miradas, el de las sonrisas. Él de esos besos guarros que te incendian hasta el pasado, él del desliz de verano. Aquel de esa vieja canción, el que nunca tiene frío. Y eso que son sólo piratas, que no saben mucho de locura.