lunes, 8 de abril de 2013

Despertar y que sea abril en mi colchón y siga siendo otoño en el corazón

La primavera se posaba en la ventana,
Mientras el invierno seguía latiendo con desgana,
Sólo quería perderme una vez más en su locura desordenada,
En todo ese dolor en un solo corazón,
En unas manos que tiemblan si hablas de amor.
El humo vuela como vuelan los recuerdos, asciende y desaparece,
 Desaparecen las broncas, las luchas corazón a corazón,
Los  gritos y los portazos a las puertas de la ilusión.
Nunca se supo,  jamás se dejó de saber,
Siempre fue el secreto a voces de todos aquellos que soñaban con ver alguna vez de cerca el culo más bonito de la ciudad.
Era esa cara de niño malo,
Que había soñado hasta sentirse tan desesperado como para perderse,
Alguien que había perdido toda la esperanza en la partida de póker de los corazones.
Pero tampoco le quería sólo por eso.
Le quería porque su sonrisa acababa con la melancolía del domingo más triste del mes,
Porque sabía cómo acariciarme las muñecas y el alma a la vez,
Porque todo dolor que provocaba incendios en mi alma cada noche,
Eran sólo cenizas cuando se fusionaban su barba de dos días y ese sonreír tan suyo,
Sabía como hacerme olvidar lo injusto que había sido conmigo el árbitro en el partido de la vida,
Y sabía hacer que encontrara la calma en la cuenta de sus incontables lunares,
Y olvidara la tormenta desatada en mi interior.
Porque cada madrugada, a las 3 y 36 hay tormenta en mi corazón desde que él no está.
Porque cada noche, a las 3 y 36 el mundo se da la vuelta y es sólo mundo, sin él.
Porque a veces durante tres segundos, o cinco minutos, vuelvo a sentir aquel vértigo,
Aquel sentir desaparecer el dolor de mis venas, derretirse mi sangre,
Y florecer mi corazón después del invierno más largo de nuestras vidas.
Otras veces recuerdo todo el dolor que vi en tus pupilas, los terremotos,
Pero también recuerdo cada vez que se echaba a reír, y el mundo era mejor en esos momentos, no tengo ninguna duda.
Hace meses que no pido comida china para dos, ni lloro con películas de amor, hace meses que no siento florecer mi corazón.
Nunca estuvimos a tres metros sobre el cielo,
Pero nos salvamos, el uno al otro,
Del invierno, de la rutina,
Del infierno que aquel primer jueves vi en sus retinas.


Digamos que tu nunca y mi tal vez se traducen en un simple "ya fué".


Me dolían los ojos de tanto admirar su luz,
El dolor que salía por sus ojos,
La hipocresía de todos aquellos que creían entendernos.
Como si fuéramos un ejercicio de matemáticas,
O un sudoku, pero no era así,
Sólo éramos dos corazones,
Que lo arriesgaron todo,
Hasta acabar en pedazos en en suelo de la habitación,
Esa habitación que vivió el primer palpitar de estos corazones al compás.
La primera vez que se acompasaron los suspiros,
La primera vez que supe aprender a dormir,
A olvidar, a disfrutar, a respirar,
Respirar como respiran las rosas, y las personas idiotas.
A mirar a otro lado, porque eso es la felicidad.
Creían que estábamos locos,
Y los locos eran ellos, que buscaban una explicación, una fórmula,
Para estos corazones que hace tiempo dejaron de latir con sus normas.