Oigo las gotitas de lluvia chocar contra el cristal de mi habitación, me acurruco en la cama, y dejo pasar el tiempo. Desde que tú no estás, es lo único que hago, matar el tiempo, dejar que transcurra. Eras mi puerto seguro, y yo decidí dejarlo. Y ahora estoy navegando, en mitad de una tormenta, y no tengo a donde llegar. Toda esta mierda me recuerda a ti, la rutina, y todo lo demás. Pero tampoco quiero que vuelvas, porque si lo haces, desearía que te marchases de nuevo, y tú no estás ya para mis juegos. Asique aquí estoy yo, acurrucada bajo el edredón, arrepintiéndome de toda esta mierda, de haberme rendido, de haberlo estropeado, de tener la certeza de que lo haría de nuevo. Todo gira, el mundo está loco, me dejo llevar. No sé donde acabaré mañana, pero sé que tú no estarás, para bien o para mal. Y que quién sabe, quizás me maten las ansias de tu piel, como ahora, o quizás solo quiera seguir así, sin rumbo a fijo, sin puertos seguros.