miércoles, 21 de marzo de 2012

Mi pequeño gran huracán

Él y yo éramos principio, éramos final. Como un párrafo sin acabar o una copa a medio empezar. Él y yo éramos octubre, éramos diciembre, éramos febrero, éramos hielo, éramos fuego.
Él y yo éramos la historia de siempre, sólo que diferente. Estábamos medio vacios, o medio llenos.  Éramos la mezcla perfecta de odio, amor, rabia y placer. Éramos mejores que ellos, pero nos podían las ganas. No había quien nos parara. A veces cuando empezábamos a volar se nos olvidaba que existía el resto del mundo, recuerdo con cariño nuestras madrugadas de sofá, nuestros mordiscos y la confianza. Puede que hasta lo eche de menos, puede que algún domingo acabe llamándote, me puedan las ganas de besarte, pero se me pasarán. Te echo de menos, pero no es suficiente. Se me hace duro el no tenerte aquí, no escuchar tu voz cada noche, contarte mil estupideces. Echo de menos tus ojos, tenías las pupilas llenas de terremotos. Y reíamos mucho, muchísimo, demasiado. Tanto que al día siguiente teníamos agujetas. No nos faltaron sueños, ni esfuerzo, ni excusas, ni felicidad, ni cariño, ni fuegos artificiales, pero nos sobraron las ganas de volar.