Guardo las distintas formas de mirar que tienen tus pupilas. Hay unas pocas en mi cama y otras detrás del sofá. Hay casi ciento diecinueve. Algunas se me perdieron una tarde de mimos. Luego pasará un barco pirata y se las encontrará, y que no te extrañe que se mueran por ti. Se morirán de ganas de abrazarte y de sentir tus suspiros alguna tarde de 'lunes sin ganas de estudiar'. El día que te miren de cerca, sabrán que eres tú. El de las ciento diecinueve miradas, el de las sonrisas. Él de esos besos guarros que te incendian hasta el pasado, él del desliz de verano. Aquel de esa vieja canción, el que nunca tiene frío. Y eso que son sólo piratas, que no saben mucho de locura.
