miércoles, 9 de mayo de 2012

me ha enseñado que sinceras las sonrisas no se fuerzan


Hoy me permito respirar y pensar para hablar de alguien muy especial. Probablemente si pasáis alguna vez por aquí la veáis paseándose por aquí repartiendo felicidad y cantando canciones con letras inventadas. Probablemente tarde exactamente una décima de segundo en haceros sonreír, así, sin más, cuando menos os lo esperéis estaréis con dolor de tripa de tanto reír. Yo tengo la suerte de que ella llegó a mi vida cuando tenía sólo tres añitos, y que llevo muchos años viendo su sonrisa cada lunes por la mañana, compartiendo felicidad y suavizando mis momentos malos.
He tenido la suerte de verla sonreír, y llorar mil veces también, la suerte de poder abrazarla, de poder vivir con ella los mejores momentos y los peores. De haberla visto ganar, de haberla visto perder. Y hoy sé, que ella es parte de mi familia, y que yo soy como parte de la suya, una pequeña parte. Pero con eso me sobra, me sobra con verla poner cara de enfado y echarse a reír tres segundos después. Me vale con que me contagie un poco de su absurda locura. Ojalá a todos os llegue alguien como ella a vuestra vida, aunque sea un minuto. Alguien que haga sonreír hasta al más serio, y alguien que también sepa escucharte si todo va mal. Alguien que te haga más alegres los viernes y más llevaderos los lunes. Que te llene de luz, cuando estás perdida.
Bueno pues este huracán de sonrisas cumple hoy diecisiete primaveras, catorce a mi lado y millones las que nos quedan.
Te quiero Marina.