martes, 29 de enero de 2013

Queridos cuatro corazones



Cuatro sonrisas desinteresadas de un martes por la mañana. Cuatro abrazos sinceros de una mañana de enero. ¿Puedo pedir más?
Desde luego que no, cuatro corazones que se cuelan en mi vida sin previo aviso, cuatro nombres que se escriben en mi historia. En mayúsculas.
Hoy cojo aire, respiro, y miro un poco hacia atrás para hablar de ellas. Y no encuentro el principio, sólo veo días y meses que vuelan en el calendario y cuatro personas que me sacan sonrisas en cada una de las fugaces casillas de ese calendario. Veo cuatro risas, cuatro canciones, cuatro caracteres, cuatro miradas de cariño y comprensión.
No puedo pedir más, no quiero más. Cuantas veces habré escrito sobre amistad, y que pocas como esta. La amistad que crece como algo natural, con ellas cuatro, día a día, canción a canción.
Doy las gracias a esas cuatro sonrisas, a esos cuatro abrazos en enero.  Y espero ser capaz de poder aportarles algún día tan solo la mitad de lo que me dan ellas cada día. Gracias por darle alegría a mis días, sois increíbles. 
Queridas cuatro sonrisas.



domingo, 27 de enero de 2013

'Perdimos el norte y la fe, o nunca la tuvimos, no se'


Comienza el final, sin apenas haber acabado el principio.
Podría decirte tantas cosas, aunque todo lo importante se diga sin hablar.
Tus ojos oscuros me están arrancando el pasado, sin preguntar.
Madrid sigue como siempre, me falta tu cuerpo, mi risa, tus sueños.
Podría contarte como dueles, podría decirte que ya encontraríamos el modo.
Podríamos mirarnos, y dejar de romperlo más. Podríamos querernos, perdernos como solíamos hacer.
Podría contarte tantas cosas, podría contarte las ganas locas de amarte cuando te veía durmiendo.
Podría decirte que a pesar de las heridas sigues siendo mi más perfecta medicina.

Madrugada de domingo


Las agujas del reloj giran y avanzan sin pausas, cruelmente, como pequeñas máquinas de tortura perfectamente programadas.
La cama me resulta incómoda, o quizás lo son más los pensamientos que giran en mi cabeza.
En la madrugada de un domingo suena de fondo alguna canción, una de esas con sobredosis de recuerdos.
Alguna canción de pereza, la voz de Leiva llega dentro de mí con un suave ‘llévame al baile’, entra en mi cabeza e invita a bailar a todos mis recuerdos, los lleva y los trae, los hace girar y dar volteretas al compás de un piano.
¿Quién sabe por qué ocurren así las cosas? Algún tal vez hace palpitar alguna cicatriz. Alguna cicatriz causada por todo aquello que pasó por tu vida y se marchó dejando un vacío.
Algún error de esos que cambian completamente el rumbo de todo, como cuentan del efecto mariposa, todos los pequeños detalles que marcaron las grandes diferencias, como pequeñas mariposas cuyo aleteo provoca huracanes en la otra punta del mundo.
Todas las personas que llevamos tatuadas en el alma, nos guste o no.
Todas las sonrisas que cambiaron nuestra vida y curaron el dolor.
Y  todas las miradas que calaron el alma en una corchea de alguna canción.