Siento como palpitan las viejas cicatrices,
cerca, muy cerca. Siento como reclaman mi atención, como muestran que nunca fue
suficiente, que jamás se curaron. Que tu sonrisa sigue derrumbando mis
barreras, sique traspasando cualquier
límite. Las cicatrices me demuestran que siguen ahí, aunque no las vea,
aunque las esconda, me siguen hablando de madrugadas de enero llenas de
ansiedad, de pulmones incapaces de tomar oxígeno, de espasmos, de manos
temblorosas intentando frenar lágrimas que avanzan sin cesar. Que se precipitan
al vacío y llegan a mi almohada. Que me hablan del querer y no poder, del poder
y no querer, o del ni intentarlo. Que me hablan de acción y repercusión, que
cualquier acción tiene un movimiento contrario de la misma magnitud, de que no
voy a emplear fuerzas en correr contra un muro, porque va a dolerme más que
seguir así.