jueves, 12 de abril de 2012

Noches de canciones y autodestrucción.

He perdido la razón, al completo. La pierdo como una vez al día, y la recuperó después. Me recreo en mi dolor, me dejo llevar. Dejo salir todo esto, dejo que mis pesadillas se adueñen de mí, y se marchen después.
Estaba equivocada, creía tener el control sobre todo, y ahora ni siquiera tengo el control sobre mí misma. Saco fuerzas y tropiezo, así una y otra vez. Cojo carrerilla y me choco contra mis propias barreras. Busco salidas, pero no las encuentro, te busco a ti, pero tú ya no estás. Busco tu sonrisa, busco tus manos acariciando mis cicatrices, liberándome de mis miedos, haciéndome sentir mariposa. Mis pensamientos van de un lado a otro, voy dando bandazos por eso de la vida, sin parar. Acelero las cosas, vivo rápido para no pensar, como decía aquella canción, intento mantenerme ocupada. Mantengo mis sueños a raya, veo pasar los días como segundos, y siento el dolor fluir por mis venas como parte de mí. Me hace temblar, tiritar, hasta que me dejo llevar.
Me acuesto cada noche pensando que he desperdiciado un día más, y que sufriré un día menos. No me engaño, soy sincera, me estoy volviendo loca, pero soy capaz de controlar mi locura, o al menos soy consciente de ella. Y busco mis soluciones, poco a poco, sin necesidad de nadie.
Pero a veces me puede el miedo, me agarro fuerte las muñecas y dejo que pase la tormenta, escondida bajo el edredón.  A veces tengo ganas de gritarle al mundo que me estoy volviendo loca, que mis insignificantes problemas reducen a cenizas mi insignificante fuerza.