Me
dolían los ojos de tanto admirar su luz,
El
dolor que salía por sus ojos,
La
hipocresía de todos aquellos que creían entendernos.
Como
si fuéramos un ejercicio de matemáticas,
O
un sudoku, pero no era así,
Sólo
éramos dos corazones,
Que
lo arriesgaron todo,
Hasta
acabar en pedazos en en suelo de la habitación,
Esa
habitación que vivió el primer palpitar de estos corazones al compás.
La
primera vez que se acompasaron los suspiros,
La
primera vez que supe aprender a dormir,
A
olvidar, a disfrutar, a respirar,
Respirar
como respiran las rosas, y las personas idiotas.
A
mirar a otro lado, porque eso es la felicidad.
Creían
que estábamos locos,
Y
los locos eran ellos, que buscaban una explicación, una fórmula,
Para
estos corazones que hace tiempo dejaron de latir con sus normas.