Cuatro sonrisas desinteresadas de un martes por la
mañana. Cuatro abrazos sinceros de una mañana de enero. ¿Puedo pedir más?
Desde luego que no, cuatro corazones que se cuelan en mi
vida sin previo aviso, cuatro nombres que se escriben en mi historia. En
mayúsculas.
Hoy cojo aire, respiro, y miro un poco hacia atrás para
hablar de ellas. Y no encuentro el principio, sólo veo días y meses que vuelan
en el calendario y cuatro personas que me sacan sonrisas en cada una de las
fugaces casillas de ese calendario. Veo cuatro risas, cuatro canciones, cuatro
caracteres, cuatro miradas de cariño y comprensión.
No puedo pedir más, no quiero más. Cuantas veces habré
escrito sobre amistad, y que pocas como esta. La amistad que crece como algo
natural, con ellas cuatro, día a día, canción a canción.
Doy las gracias a esas cuatro sonrisas, a esos cuatro
abrazos en enero. Y espero ser capaz de
poder aportarles algún día tan solo la mitad de lo que me dan ellas cada día.
Gracias por darle alegría a mis días, sois increíbles.
Queridas cuatro
sonrisas.
