Busco la salida, tiento las paredes con mis manos temblorosas.
La habitación da vueltas y vueltas a mi alrededor, mis ojos inundados de mentiras se desbordan.
Busco una medicina, una solucioón, pero no hay lucha si no hay fuerzas, y si no hay fuerzas no hay esperanza, y jamás habrá esperanza suficiente, jamás habrá la posibilidad de encontrar en otros cuerpos tu olor y el tacto de tu piel.
Ni gano, ni pierdo, sólo voy perdiendo las ganas. La vida pasa, esa vida que pasa y duele, y te cala hondo y te deja vacía después.
Y nosotros que nos creíamos invencibles, cuando superas grandes obstáculos crees que tienes capacidad para escalar mil montañas, y nos derrumbamos de repente. Recuerdo a la perfección tus ojos oscuros, tan llenos de ilusión, podía ver tu vida al completo en aquellos ojos, podría pasar horas estudiando cada pequeño matiz, aprendiendo de ti.
Quién quiere lunas y atardeceres si existen esos ojos, y ese cuerpo, y esa piel que se convirtió en mi casa.
Pero todo lo que brilla así acaba ardiendo y consumiéndose. Y nosotros no fuimos menos, nos consumieron las ganas.
Asi que no me hables de meses convertidos en abril, ni de números que suman teintayseis.
Que yo pude ver mejor que nadie como esos ojos se transformaban en dolor y como esas pupilas se llenaban de terremotos.
