Tu risa suena sin parar en mi cabeza, me marea. Una canción
suena de fondo. Alguna canción que
habla de tu saliva en mi saliva, de medicinas alternativas. Ya no sé si es el
alcohol, pero lo cierto es que no puedo perderte de vista, creo que me estoy
volviendo loca.
Ya no sé si merece la pena, ven aquí y aleja mis miedos,
pero márchate luego, que esto no da para más, nos queremos y nos odiamos,
discutimos y nos besamos. Tus labios no perdonan, tus ojos se llevan toda mi
fuerza de voluntad. Me encuentro perdida
entre tus nervios, entre mis miedos, entre tanto odio forzado y tanto amor
desordenado. No encuentro la salida, no quiero encontrarla, no puedo
encontrarla, tampoco quiero seguir así.
No soporto la situación, pero soporto menos la idea de dejarla atrás. ¿Es eso lo que pasa
con las adicciones no? que a veces,
aunque algo nos esté haciendo mucho daño, dejarlo atrás duele mucho más que
seguir con ello.
Me acuerdo de ti, te busco en otros besos, en otras
sonrisas, en otras voces. ¿En qué
momento me he vuelto tan idiota? ¿En qué momento he dejado atrás todos mis
principios y me he visto envuelta en todo esto? La realidad nos golpea de golpe, como agua
fría, como cualquier despertar de domingo con resaca. Llega sin buscarla, con
toda la verdad, y nos saca de cualquier sueño, nos quita toda esperanza, nos
deja sin aliento.