Aprendí que realmente somos lo que hacemos, y que además la gente suele ser exactamente como parece, que muchos no cambian. Y que es mejor darlo todo y quedarse sin nada que no haber dado nada. Que las personas de verdad escasean, que abunda la falsedad y las ansias de mantener las apariencias.
Aprendí que muchas veces puedes sentirte sola entre un montón de gente, y que nadie podrá jamás hacerte feliz si no te dejas. Aprendí que realmente el que la sigue la consigue, y que ese sonreír tan suyo puede sacarte de la oscuridad en muchas ocasiones. Que lo más importante es ser feliz con lo que haces, tener la conciencia limpia y el corazón casi siempre contento. Ser consciente de lo que somos, y de lo que valemos.
He aprendido que hay muchas sonrisas y muchos abrazos de mentira, y muy poca gente capaz de decirte las verdades a la cara y con cariño. Que la gente que crees conocer a la perfección luego resulta ser completamente distinta.
Pero también he aprendido que todo esto vale la pena, que hay personas que contrarrestan todas esas decepciones. Y que si sabes levantarte cada día a seguir luchando,si sabes valorarte y quererte, entonces no necesitas más.