Hoy me permito respirar y
pensar para hablar de alguien muy especial. Probablemente si pasáis alguna vez
por aquí la veáis paseándose por aquí repartiendo felicidad y cantando
canciones con letras inventadas. Probablemente tarde exactamente una décima de
segundo en haceros sonreír, así, sin más, cuando menos os lo esperéis estaréis
con dolor de tripa de tanto reír. Yo tengo la suerte de que ella llegó a mi
vida cuando tenía sólo tres añitos, y que llevo muchos años viendo su sonrisa
cada lunes por la mañana, compartiendo felicidad y suavizando mis momentos
malos.
He tenido la suerte de verla
sonreír, y llorar mil veces también, la suerte de poder abrazarla, de poder
vivir con ella los mejores momentos y los peores. De haberla visto ganar, de
haberla visto perder. Y hoy sé, que ella es parte de mi familia, y que yo soy
como parte de la suya, una pequeña parte. Pero con eso me sobra, me sobra con
verla poner cara de enfado y echarse a reír tres segundos después. Me vale con
que me contagie un poco de su absurda locura. Ojalá a todos os llegue alguien
como ella a vuestra vida, aunque sea un minuto. Alguien que haga sonreír hasta
al más serio, y alguien que también sepa escucharte si todo va mal. Alguien que
te haga más alegres los viernes y más llevaderos los lunes. Que te llene de
luz, cuando estás perdida.
Bueno pues este huracán de
sonrisas cumple hoy diecisiete primaveras, catorce a mi lado y millones las que
nos quedan.
Te quiero Marina.
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