lunes, 6 de mayo de 2013

''es sólo una mala racha corazón, vuelvete a la cama''.


¿Cuántas horas llevaba sonando esa canción?
Cuantas cosas aprendí  aquel invierno,
Todo se dio la vuelta,
Un día desperté perdida en medio del océano, sin puertos seguros,
Tiritaba de frío y ni siquiera estaban ahí tus ojos marrones capaces de incendiarme el alma con una mirada.
Tampoco estaban ahí todas aquellas que juraron ser para siempre.
Nadie estaba, nadie era, sólo era yo, y todo lo demás ya no existía.
Descubrí todo eso un miércoles cuando sonó el despertador a las 6 y 47,
Y me dí cuenta de que había visto mi vida desde fuera durante meses,
Y ya todo daba igual. Las promesas que me hicieron, las cartas que me escribieron,
Las lágrimas que escribí y derramé yo.
Pero nada importaba, ni siquiera las caras nuevas, las cenas con mi madre en las que me observaba en silencio durante treinta y cinco minutos.
Tampoco me importaban ya esas ocho sonrisas que se dieron la vuelta buscando el sol, dejándome sola en mi invierno, en mi infierno.
Las salas de espera, los 53 minutos diarios de dolor después de cenar cada día.
Todo estaba de más, a mi no me importaba, cuando desperté no vi nada más que vacío.
Tampoco sentí ese resentimiento de quien se siente abandonado, sólo el calor de quien recibe la primavera, y vuelve a reírse por dentro.
De quién vuelve a saber porque sufre o porque llora.
De quién recupera en un segundo las riendas de su propia vida.
Hoy no me importa que fue de esos meses, quienes se marcharon,
Pero jamás olvidaré quienes estuvieron, jamás olvidaré quienes trajeron la primavera.
Hoy apenas recuerdo aquel invierno, apenas recuerdo la nieve bloqueando mis arterias, aquel frío en los huesos que nunca desaparece; a veces, vuelve el frío, pero siempre consigo echarlo de mí, recuperar mi calor.
Como recuperé el calor aquel miércoles con un par de ojos marrones que lucharon más que los míos,
Con cuatro sonrisas que aparecieron en un momento y que espero que si permanezcan para siempre, que espero saber cuidarlas yo también, y darlas calor, y quererlas como se quiere a quien te trae la primavera. Como se quiere a quién te salva del peor invierno de tu vida.