Supongo que siempre querré que estés aquí, que nadie ocupará nunca tu lugar, que es sólo tuyo.
Que no hay día en el que no te eche de menos, y acabe echando a temblar, escondida en mi cuarto, sobre las ocho de la tarde, abrazada a mis rodillas, deseando que fueras tú. Que estuvieras conmigo, que jamás te hubieras marchado.
Que estuvieras con nosotras, que pudiera enseñarte mis regalos de navidad, y tu fingieras sorprenderte, como si no los hubieras comprado tú.
Nunca dejaré de echar de menos pasear por Portugal contigo, y que me dijeras que sólo podía hablar portugués, que si no era trampa. Ir a ver los barcos, y comer chocolate de ese que tenía lacasitos por dentro.
Que nunca voy a volver a verte, que jamás escucharé tu voz, ni podré pasarme horas sentada a tu lado.
Tú me hacías sentir en casa, donde fuera que estuviéramos, eras la única persona que lograba hacerme sentir en paz completamente.
Y sé que es puro egoísmo, que tu estás mejor donde quiera que estés. Pero lo siento, no puedo evitarlo, no puedo evitar pedir de nuevo tu presencia por navidad.
Te quiero vôvô.
A sua netinha querida, mais uma vez.