domingo, 25 de diciembre de 2011

No sabes que sientes, yo se que ni a ostias aprendo.

La historia de siempre, quizá algo más breve y más lejos: allí siempre llueve y aquí no te tengo.
Algunos matices, palabras de nuevo y comprendo que las cicatrices no las borra el tiempo.
Me quedo mirándote. Te veo salir por la puerta de atrás. No sé si esperarte, seguirte hasta Marte; o meterme en un bar...
No sabes qué sientes. Yo, sé que ni a ostias aprendo. Y aunque a veces dueles, a veces te quiero.
Ya me lo advertiste, pero es que no tengo remedio. Y los días grises los llevo por dentro.
Arranqué la última página y borré de mi cabeza el texto. Sabía que esto iba a pasar y no lo entiendo.