Era como el vestido que podrías ponerte todos los
viernes,
Como los tacones que viste en el escaparate
Pero jamás
pudiste comprar.
Como una
canción vieja que nunca dejará de gustarte,
Como el limón después del tequila,
Como los primeros rayos de sol de la primavera
Y la primera flor que brota en el jardín.
Era el analgésico que acababa con la agonía de mis
pesadillas,
Era el fuego y la gasolina,
Que derritieron el hielo de mis venas.
Era brillante, era luz.
Era el único mago capaz de convertir el traqueteo
del caer de mis lágrimas
En una de las más bonitas melodías.
Era la alegría de una batería
y la nostalgia de un violín,
bailando sobre un piano de cola.
Era septiembre, era enero, era abril.
Era como las palomitas de mantequilla,
las sábanas limpias
y los
calcetines de algodón.
Era una tirita del tamaño exacto
Que se ajustaba a mis heridas,
Fue el desinfectante
Y hoy es quien sana mis cicatrices.
Era como esas pequeñas estrellas,
que brillan hasta cuando ya se han apagado.
Era un par de ojos marrones que nunca se cansaban
de luchar.
Era la humildad y la prepotencia,
era el invierno, el verano
y siempre
traía la primavera.
Sabía hacer entrar en coma a los domingos tristes
y cambiarlos de color.
Era aquello que conoces un verano
y ya sabes que
lo quieres para toda la vida.
No
importa el mundo, importamos nosotros.